La Piel Verde y Púrpura del Mundo

paulo da costa

traducción de Mirta Rosenberg

 

Monte das Lameiras, patio, tres semanas

Querida mía:

La mañana bosteza y suspira a través de los pulmones de los pájaros. Las armonías funden el delgado velo de escarcha que cubre el suelo. Empiezo el día en la escalera del frente, en bata, soplando burbujas de jabón.

Anoche llamaste por teléfono. No estarás en el aeropuerto de Pearson para recibirme sino en Victoria, visitando a tu tía.

En este rincón de Europa el sol brilla a través del azul invernal. Las naranjas fulgen en los árboles y los kiwis se redondean en los sarmientos. Toda esta fruta no basta para tentarme a permanecer aquí.

Han mudado el mirlo a una jaula más grande desde mi última visita. Salta de una percha a otra siguiendo un trayecto fijo y es presa de una agitación frenética cada vez que me acerco a la jaula con mis pantalones rayados de color lila.

¿Alguna vez te diste cuenta cómo los ojos siguen a la burbuja que asciende, flotando, la más grande y colorida, e ignoran a la burbuja que cae enseguida? A veces, pocas, la burbuja flota cerca del suelo, mucho después de que las otras han estallado. Burbuja y suelo se topan frente a frente.

Si se revuelve la varita púrpura dentro del recipiente plástico, un simple suspiro crea mundos exquisitamente redondos. ¿A eso se refieren cuando hablan del Creador, en un trono, en alguna parte, expandiendo el universo?

Beijos

Chana

 

Monte das Lameiras, cementerio, una semana y media

Mi que-rida:

Hoy no soy necesario. Si alzo la varita, el fuerte viento sopla burbujas en cadena. Rápidamente vuelan lejos. Me siento sobre la tumba de mis abuelos. Ese agujero sellado, con tres generaciones de cadáveres de profundidad. Las burbujas chocan contra las cruces de mármol, atraídas por el reflejo de la piedra tersa. En Canadá, no tengo tumbas donde sentarme —descansaré en el frío suelo del norte, lejanos ciruelos, esperando que el futuro se reúna conmigo.

Volviste a llamar por teléfono. Estarás en Victoria porque te enamoraste. Tal vez te cases la semana próxima. Él se mudó a tu casa. No quieres discutir el tema.

Es raro verme reflejado en una burbuja, viajando con el viento. Es alarmante verme desaparecer a media altura con un pop. ¿Alguna vez has mirado fijo a una burbuja durante una eternidad, sólo para darte cuenta de que ya estalló? Vive solamente en la imaginación. Desesperadamente agito la botella de jabón, la mano que sostiene la varita tiembla. Soplo y soplo, quiero atestar el cementerio de burbujas. Quiero ver burbujas brotando de la varita, colmando el aire, colmando el aire como lágrimas.

Ocasionalmente, dos burbujas flotan amarradas. Una más chica que la otra. Juntas caen a tierra. Parece más consolador.

Observando las burbujas, entiendo la urgencia. Ya cumpliste cuarenta años. Una burbuja flota peligrosamente cerca de la verja.

Beijos

Chana

 

Monte das Lameiras, madre patria, una semana y un día

 

Mi q.

Pienso en mi madre mientras observo una burbuja que se eleva ágilmente por encima del techo, se aleja volando hasta perderse de vista. Me gustaría sabe en qué dirección viaja. No volverá. Hay un alto abeto detrás de la casa. Un alto abeto con cinco mil agujas. Imagino una burbuja vagabunda arrancándole una sonrisa a un vecino que la mira desde la ventana, preocupado.

Mi lengua madre se ha convertido en una herramienta roma y oxidada que no puede cavar en profundidad la tierra que piso.

El hogar es la lengua que se habla. Las palabras se convierten en la puerta que abro para invitar a la gente a que toque las tiernas partes más irrigadas de mi yo oculto. Identidad equivale a lenguaje, llevándome a través de las sombras, de los ásperos rincones donde me topo con lo inesperado. Descifrar las sombras y sus formas indefinidas. El lenguaje envuelve al mundo con un velo delgado, temporario.

Hablo del pasado e imagino el futuro. No estoy aquí.

Beijos,

Chana

 

Monte das Lameiras, solsticio, siete días

Querida A:

He oído que hay varitas en forma de corazón. Me da miedo que sea verdad. No tengo el valor de soplar una burbuja en forma de corazón. Bordes filosos se interpondrán en su camino. Las desgarrarán.

A veces salvo a una burbuja que está por estrellarse, atrapándola con la varita. La burbuja parece feliz allí colgada, sostenida por la inmovilidad. Vuelvo a soplarla. Gira sobre sí y destella. La atrapo antes de que caiga. Somos prisioneros el uno del otro. Si me voy, morirá. La soplo. Vuelvo a atraparla. Cada vez extrañamente más débil.

Beijos

Chana

 

Monte das Lameiras, río, seis días

Querida mada:

Paseando junto al río al final de la tarde, recorro el tortuoso camino hacia la casa de la infancia, la casa de hoy. Los rosales cubren el muro blanco, rodean la casa. En verano, un ciruelo se asoma sobre la tapia y ofrece su fruta a los que pasan. Ahora, las ramas están vacías, sin nada que dar. Mi abuelo removió la tierra, plantó la semilla, regó el brote, sabiendo que no viviría para saborear los húmedos jugos dorados desbordando su boca. Una generosidad agonizante.

 

Algún día recorreré este camino y no tendré a nadie con quien encontrarme. Lo que tenga para decir se quedará en mi estómago como una moneda tragada en la infancia que me apuñala de forma intermitente.

Chocan dos burbujas. ¿Se convierten en una sola, más grande y más brillante? ¿Entran una en la vida de la otra, fluidamente, bellamente a flote?

No desaparecen en una sola. Una estalla. La ilusión de la fusión.

No llevamos las palabras dentro del cuerpo mientras no están maduras. Escribir cartas es extinguirse. Respondemos con la velocidad mortal de un duelo. El fruto se cosecha verde. Llegamos tarde a la próxima experiencia. Tragamos el fruto sin saborearlo.

Beijos

Chana

 

Querida eme: Monte das Lameiras, noch  los dedos de una mano

Hay azules, verdes, púrpuras en una burbuja. Los púrpuras me gustan particularmente. El púrpura me recuerda las lastimaduras. Un color que penetra profundamente, incluso en la delgada piel de una burbuja.

Un suave aliento da forma a la piel. La luz cosquillea sobre la superficie. La fe hace despegar de la tierra el sueño más leve. La felicidad se eleva en el color de una burbuja que flota. Habrá un fin. El miedo es un peso, da por tierra con una burbuja. ¿Es por eso que nuestro niño no llegó?

Me duele el pecho. Una, dos, tres, cuatro, cinco veces, desesperadamente, pero no nace ninguna burbuja. No pongo bien la boca. Mi aliento no llega a insuflar vida en ese cuerpo. Mi mano tiembla. Mi boca se abre. Las palabras silenciadas escapan.

Beijos

Chana

 

Monte das Lameiras, granja de los abuelos, cuatro días

Querida ama:

La belleza de una burbuja existe en el destierro, en ese lugar tierno y vulnerable donde la luz la envuelve por completo. Tocar tierra es una conclusión.

Cada día tropiezo con mi lengua madre. Las palabras no están allí. La granja ahora sepultada bajo una autopista. Recuerdo las colmenas engarzadas en el muro. Papá dice que se alegra de que sus padres no hayan vivido para ver la ruta. Uno junto al otro, vivos, mirando pasar los autos.

¿Mis palabras están sepultadas bajo la nueva lengua o nunca estuvieron allí? Abro mi corazón con la llave de un nuevo alfabeto, sonidos nuevos.

Beijos

Chana

 

Querida da: Monte das Lameiras, jardín  tres días

Plácidamente soplo burbujas, disfrutando de la brisa que las mantiene para siempre en el aire, dirige su trayectoria, empujándolas cada vez más hacia el vacío. Los astrólogos dicen que el día en que uno nace lo marca a uno y a su vida.

Un gato se une a mí. Alegría felina saltando en el jardín, quitando vida a las burbujas de un zarpazo. Los gatos hacen lo que hacen mejor. No es fácil de contemplar.

Una burbuja aterriza en un charco, deslizándose sobre la superficie. Deteniéndose. Como si estuviera allí para quedarse, como si fuera real. Espero que los pasajeros desciendan del costado. No ocurre nada.

La burbuja siguiente se infla en la punta de la varita, me explota en la cara. La espuma húmeda me refresca la piel. Los sentimientos son reales.

Beijos

Chana

Querida amad: Monte das Lameiras, oscuro    dos noches

La luna llena se acuna en una burbuja, alzándose y alzándose en su panza hasta que ya no hay más burbuja, sólo la luna entre las estrellas. Una orla azul en los bordes.

Una luna azul es rara. Deseé que llegara pronto el nuevo siglo. Deseé amabilidad, aprender a través de la risa. La luna escucha.

La última vez que nos amamos, me apretaste contra tu pecho y me sostuviste en tus ojos. Por sexta vez en otros tantos años me dijiste, nunca ocurrirá nada que no decidamos juntos. Y en el aeropuerto susurraste vuelve a mí.

La sutil manera en que una burbuja estalla. Con un puf. El sonido casi tierno de una explosión. Gotas con forma de lágrimas que caen. Una lengua hace rodar una palabra contra el cielo de la boca, la sopla al mundo donde no sobrevive mucho rato.

Temprano esta mañana caminé junto al río Caima hasta el dique donde nadaba de niño. Aguas arriba, había una roca donde los valientes nadaban y donde se tendían al sol. Entonces parecía como si se alzara desde el fondo del mundo. Pero no hoy. Más arriba, en la curva, el puente desde donde mi abuelo arrojaba a sus hijos al río para que aprendieran a nadar.

Nunca has olido la invasora lluvia de dulzura que cae de las uvas americanas de piel púrpura, que penden de las parras, el aroma se hunde profundamente en los poros. Ni siquiera el agua puede diluirlo. Jamás has estado al borde de mi pasado, de la mano, imaginándome corriendo a través de la hierba hasta mi caja de la merienda, ni has oído el crujido de mis dientes al hundirse en la dura corteza de un pan de maíz. Nunca sabrás.

Hay partes de mí que no conociste y que no puedes entender. Hay sonidos de mi lengua materna que tu garganta no puede repetir. Mi lengua se mueve dentro de la boca en una danza extraña, da forma a las ideas. Entonces también soplo burbujas.

Beijos

Chana

Monte das Lameiras, el muro, un día

Querida A.:

Una suave luz dorada descansa sobre una burbuja. Una caricia lustrando los colores. ¡Qué coraje viajar por el mundo con una piel tan fina! Un rayo de luz pincha la burbuja. Cuánta disposición a ser lastimada. ¿Una burbuja estalla, o se abre al mundo? Un momento aquí, imperceptible al siguiente. ¿Eso es lo que significa hacerse uno con el mundo?

La semana pasada un vecino invitó a jugar a su hijo. Puso al niño sobre el muro que rodea su casa, y abrió los brazos. Sonrió. El niño saltó. El padre se hizo a un lado. Nunca confíes en nadie, le dijo, restañando la sangre de la cara del niño. Imagino a ese niño trepando el muro y saltando hacia esos brazos prometidos una y otra vez. Anhelando ser recibido, anhelando creer, lleno de confianza y esperanza. Tanta propensión a curar.

Deja que me salga de mí, que abra mis brazos para recibir todo el peso del salto.

Beijos

Chana

 

 

 

Monte das Lameiras, el huerto, hoy

Querida am:

Las burbujas vuelan alto entre las urracas. Las urracas viran y se zambullen, se acercan a las burbujas y sueltan gritos. Sus alas hacen viento, arremolinan las burbujas. Pájaros y burbujas. Un tango.

Regreso hoy y lo últimos seis años no irán a buscarme al aeropuerto. Si el avión cae a través de la nube, ¿en qué mano acopada caerá una gota de lluvia?

Recién es enero y el mirlo ha empezado a lanzar al aire sus primeras notas cristalinas. Una flor no espera a nadie, estalla en el labio del ciruelo. La primavera ha llegado inusualmente temprano. Incluso aquí.

Los ciruelos y los cerezos están confundidos por las señales del calor y muestran sus tiernos pétalos al mundo. Es un lenguaje predecible. Está en las raíces. En la memoria. Nadie les advirtió nada. Los tiempos han cambiado. Dormían durante todo el invierno. Algunos árboles nunca pierden las hojas verdes. Papá teme otro año terrible. Heladas súbitas filtrándose solapadamente en marzo para quemar la piel del mundo.

Beijos

Chana.

 

traducción de Mirta Rosenberg

Publicado na revista TSÉ-TSÉ- n.4 – Argentina

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